lunes, 2 de septiembre de 2013

Invisibles .1

Despertó envuelta en sudor y lágrimas sin saber por qué, no recordaba haber tenido ningún sueño, ni recordaba nada del día anterior. Cuando quiso reparar en dónde estaban sus gafas, se dio cuenta de que no estaba en su habitación, y éstas se encontraban junto a una roca. Intentó levantarse pero tenía las manos rodeadas de antiguas cadenas de hierro oxidado. Se encontraba en una celda, una curiosa celda. Rodeada de rocas de colores grises y negras y un intenso olor a azufre. En una de las rocas discurría un pequeño cauce de agua, y cuando quiso descubrir cual era su nacimiento, alzó la vista y no vio nada, salvo el cielo estrellado. Su celda no tenía techo, pero sí un compañero.

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