sábado, 7 de septiembre de 2013

una noche..

Estás tan cansada que tu cabeza rehúsa de seguir pensando con claridad, todo comienza a emborronarse en tu mente. Esa noche decides beber y beber, hasta que tu cuerpo te diga que basta, y tú decidas que no, una cerveza más. El alcohol comienza a correr por tus venas y dices que podría ser una madrugada de locuras.
Tomas una determinación: nada importa ahora mismo. Y es que estarías dispuesta a hacer cualquier cosa por sentirte libre, por sentir que no estás atada a nada, por sentir que no hay problemas, por sentir...que estás viva. Las emociones van y vienen y entonces suena esa canción, que te recuerda a las personas que alguna vez quisiste y no te quisieron, a que tal vez tomaste malas decisiones, a las noches que has llorado sola en tu habitación y  sin saber por qué, la canción hace que todo vaya enredándose recorriendo todo tu cuerpo hasta dejarte atrapada. Te pones a bailar, lo mejor que puedes sin tropezar. Alguien invita a una ronda de chupitos y tú eres la primera en llegar a la barra. El alcohol intensifica tu dolor, y te preguntas ¿no curaba las heridas?, después de las 3 de la mañana ya a penas puedes ni recordar dónde estás, y entonces ya entiendes por qué la gente bebe para olvidar.
Ríes por todo, lloras sin motivos y dices demasiado alto lo que piensas, alguien te dice que al día siguiente te arrepentirás de la mitad de las cosas que has hecho y otra persona, que mañana te reirás recordando todo lo que hiciste. Tú piensas: da igual.  Y empieza a llover. Deciden por ti volver a casa, tú te niegas y montas una pataleta de niña pequeña pero de repente...
Abres los ojos y ya es de día, tu almohada fresca, tu resaca y recuerdos difusos, eso es todo lo que te queda al día siguiente.

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