martes, 17 de septiembre de 2013

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Comienza a atardecer y tú vas en el asiento trasero del coche con la ventana bajada y al aire acariciando tu rostro. La radio suena y casualmente se escucha esa canción. Cierras los ojos. Es la sensación más parecida a volar y a la libertad que conoces. Te gustaría mantener con vida ese segundo por siempre, que la canción nunca terminase y que el coche jamás llegara a su destino. Recuerdas momentos que nunca sucedieron y por un momento, te das cuenta de que ese minuto de felicidad es tuyo.

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